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Seis décadas de «Un día en la vida de Iván Denísovich»

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Hace sesenta años, en julio de 1962, se publicaba en la revista literaria soviética Novy Mir la primera entrega de la novela «Un día en la vida de Iván Denísovich», escrita por el ruso Aleksandr Solzhenitsyn, luego que el dictador soviético de entonces, Nikita Jruschov, autorizara su difusión.

Aleksandr Solzhenitsyn, Premio Nobel de Literatura en 1970, puso en las manos del gran público un relato de un día común y corriente en la vida de uno de los millones de detenidos que el régimen de represión comunista tenía esparcidos por todo el imperio en los denominados «gulag». El argumento de la novela no era ficción, Solzhenitsyn sufrió el destierro y la vida en el Gulag. La inspiración para escribir la novela la encontró en su experiencia por el paso en el Gulag de Ekibastuz, en la actual Kazajistán. 

Llevo años siguiendo la pista de Solzhenitsyn, tanto de su obra literaria como también de los lugares en los que estuvo; este 2022 me aventuré a Kazajistán, fui a Ekibastuz, una ciudad de 150.000 habitantes ubicada -en plena estepa kazaja- a un poco más de 300 kilómetros al este de la capital del país, Nursultán.

Llegar a Kazajistán es más fácil que visitar Chile, allá no existen medidas biofascistas como las que sufrimos en Chile desde hace más de dos años. Lo importante en dicho país es hablar ruso, aunque sean un par de palabras. Es cuestión de sobrevivencia. En mi caso, he ido aprendiendo ruso en la calle, en los mercadillos, en parques y también con los gopniki, lo balbuceo; gracias a ese mínimo conocimiento pude comprar el ticket de tren de Nursultán a Ekibastuz, ida y vuelta, regresar sano y salvo y poder estar escribiendo estas palabras. 

Ekibastuz es una ciudad del pasado soviético, un punto en medio del Asia central que con sus estatuas de Lenin está más cerca de los tiempos de la Guerra Fría que de la postmodernidad transhumanista de Nursultán. 

Sabía que me encontraría con una ciudad así, también tenía claro que no vería nada en las calles que recordara a Solzhenitsyn. El museo de la ciudad estaba cerrado por remodelación, así que me encaminé al estadio. 

Tal como en Calama o Antofagasta, la aplicación de taxis por excelencia en Ekibastuz es InDriver, así que tomé un taxi que me dejó en el estadio. A la entrada se dispone una placa que indica que el campo deportivo fue inaugurado en 1970. Nada recuerda que en ese punto hubo un campo de concentración, un Gulag. La historia comienza a diluirse en Ekibastuz, pocos saben de la historia del lugar y muchos menos saben que ahí un Premio Nobel sufrió el destierro.

Ekibastuz podría estar en la lista de lugares de turismo negro (dark tourism), sin embargo yo lo dejo en un lugar destacado de la literatura universal, y también como una ciudad a conocer por quienes promueven y defienden la vida, libertad y propiedad del ser humano.

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Administrador Público. Magíster en Comunicación Política. Autor del libro «La Constitución Liberal de Guzmán. Chile 1973-1980». Coautor del libro «Lo vimos venir». Cofundador del think tank Ciudadano Austral.

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