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Giorgio Jackson o la soberbia endémica de una generación

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Es sabido que en política la memoria es corta, y que sus protagonistas optan por olvidar aquellos eventos de sus carreras en los cuales, generalmente con mucha convicción o arrogancia, manifestaron alguna tajante opinión respecto de un tema particular. Opinión que tiempo después, enfrentados a circunstancias similares pero desde otra vereda, se convierte en un incómodo estorbo que tratan de soslayar mediante elaborados, y desvergonzados, malabares conceptuales.

Hace exactos diez años, una joven Camila Vallejo, en entrevista al diario español El País, manifestaba que jamás haría campaña por Michelle Bachelet ni que tampoco llamaría a los jóvenes a votar por ella. El ímpetu y la rebeldía que habían caracterizado el año anterior a la presidenta de la FECH quedaría en entredicho cuando, meses después y ya desatada la carrera presidencial, Vallejo apareciera animadamente en un evento en La Pintana junto a la expresidenta dando muestra del famoso pragmatismo comunista, toda vez que semanas antes el partido había decidido dar su apoyo la candidatura de Bachelet.

Ese mismo año, en una concurrida conferencia de prensa, Carolina Tohá junto a los candidatos que habían tenido que bajar de carrera para permitir la omisión en Santiago centro, Eugenio Ravinet y Marcelo Díaz, anunciaba el total apoyo y respaldo a la candidatura del expresidente de la FEUC, Giorgio Jackson. A solo un día del vencimiento del plazo legal para la inscripción de candidaturas la omisión de los candidatos para blindar a Jackson fue el resultado de arduas tratativas, y a pesar del ofrecimiento del voto de su madre para Jackson por parte de Marcelo Díaz, tratando de distender el tenso ambiente, el semblante del ex director del INJUV de la administración Lagos y el tono de voz de la entonces concejal de Santiago, y jefa territorial de la campaña en ese distrito (22), Claudia Pascual, evidenciaban de manera indubitable que proteger al líder estudiantil no había salido gratis.

El hecho fue tan relevante (sin ese blindaje probablemente Jackson no hubiera sido electo, nunca lo sabremos) que el propio futuro diputado tuiteó esa madrugada agradeciendo el apoyo recibido por parte de los partidos de la Nueva Mayoría.

Quizás este es el origen de uno de los principales problemas de la generación de políticos que hoy están en el poder; el berrinche y la terquedad como reacción primaria ante la incapacidad de conseguir sus objetivos políticos. El caso de Revolución Democrática y su paso por el segundo gobierno de la presidenta Bachelet, con el recordado cínico eufemismo de “colaboración crítica” que adoptó el Congreso Estratégico de ese partido, ha sido uno de los hitos que ha marcado su historia y que demuestra, de manera fehaciente, que la ambición de poder, la soberbia y la inexperiencia son una pésima combinación.

Y es que la ingenua (¿o arrogante?) idea de mantener la independencia en aquellas materias en las que no estaban de acuerdo, pero colaborar en las materias que estimaban relevantes, a la vez que participaban de manera protagónica en cargos de alto nivel, solo estaba destinada a ser un rotundo fracaso. Algo que quedó demostrado cuando sus principales figuras terminaron renunciando a esos cargos con duras críticas a lo que se estaba llevando a cabo, y a lo que habían contribuido durante años.

La semana pasada, en un nuevo arrebato de honestidad intelectual, acicateado quizás por la cándida idea de que la plataforma en la cual se estaba llevando a cabo la entrevista no era conocida y de que solo le estaba hablando a sus adherentes (como si las cosas que se dicen en internet tuvieran alguna restricción o caducidad), el ministro secretario general de la presidencia señaló que ellos, la generación que él representa y que está en el gobierno, tenía una escala de valores y principios distinta a la que los antecedió. Y con ello no hacía referencia, evidentemente, al gobierno del expresidente Piñera, como explícitamente se encargó de señalarlo, sino que a los anteriores gobiernos de centro izquierda que gobernaron durante 24 años este país. Increíble declaración por parte de quien está a cargo de llevar la relación entre el gobierno y el Congreso Nacional.

No solo por el llamado que el día anterior había realizado el presidente Boric respecto a llegar a un acuerdo en reformas constitucionales en caso de que gane el Apruebo en el plebiscito de salida, acuerdo que debería liderar el ministro Jackson con esos a quienes estaba vilipendiando y que hoy conforman las dos coaliciones del oficialismo (porque el Partido Comunista fue parte de la Nueva Mayoría, aunque desde el 18 de octubre traten de renegar de ello con ahínco), sino que porque son ellos, los de esa otra escala de valores y principios, los que tienen mayor representación parlamentaria que esta nueva “inmaculada” generación.

Como era de esperar, y como ha sido la tónica de este gobierno en los pocos meses que lleva en el poder, el ministro Jackson tuvo que salir a pedir disculpas al día siguiente, con una poco creíble declaración y teniendo que abjurar de todo lo que había manifestado hacía solo un par de horas.

La soberbia endémica de esta generación política ha logrado dañar a la administración Boric más que todas las acciones fiscalizadoras que ha llevado a cabo la oposición y que los enfrentamientos entre sus dos coaliciones. A pesar de ello, los continuos errores, descoordinaciones, dislates y chambonadas en los que incurren las máximas autoridades de este gobierno no cesan, convirtiéndose, lamentablemente, en un hábito al que ya nos acostumbramos. El caso de la ministra del Interior es paradigmático de este fenómeno, y no tengo recuerdo de otro político que haya ocupado ese cargo que haya demostrado tan poca preparación e improvisación en su desempeño.

Como el gobierno está volcado a la campaña del plebiscito de salida, con tal desparpajo que tiene a la Contraloría instalada en la propia casa de gobierno, la idea de una reconfiguración en el elenco no es factible hasta después del 4 de septiembre, más aun cuando un cambio de gabinete afectaría directamente en su imagen y credibilidad, la que está indiscutiblemente ligada al desempeño del Apruebo.

En estas semanas que quedan para la elección más importante de los últimos 30 años veremos si la mesura logra permear a esta generación, aunque sea solo de manera hipócrita y oportunista.

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Cientista Político. Magíster en Comunicación Estratégica. Fundador y Host de Stakeholderz. Actualmente en Londres, en el MPP de la LSE.

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