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El mal argumento de los DDHH

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En un par de meses más se conmemorarán los 50 años del golpe militar que supuestamente trajo consigo, en la mente de los progresistas bien pensantes, los peores males a este país. El acuerdo aparente es tan transversal, políticamente hablando, al menos de manera formal, que los partidos del centro político, otrora de derecha, se allegaron a La Moneda, desde principios de este año, para conocer la agenda que el gobierno de Boric estaba preparando para recordar tan aciago acontecimiento. Sin embargo, subyace a esta interpretación de los hechos un error lógico que nadie se ha atrevido a mencionar o, siquiera, a esbozar de manera completa y suficiente. Algunos han pispado la equivocación y lo han llamado “reduccionismo”: la izquierda, al momento de hablar sobre el tema en cuestión, siempre esboza sus vociferaciones sobre una temática central, como si esta fuera la única realmente importante: las violaciones a DDHH. Todo margen de discusión sobre otros aspectos queda en las sombras. Ningún argumento, aparentemente, puede superar esta valla. Al parecer, nada puede salvar al régimen militar de la ignominia de la Historia. Con todo, el asunto es más complejo que eso. La equivocación de la izquierda, así como la del centro político, antes conocido como centro derecha, es caer en la falacia de la composición. De este modo, es la manera de juzgar los hechos, y no solo la caricatura que elaboran de ellos, lo que estaría mal.

En consecuencia, existiría un modo erróneo de pensar, como ya hemos afirmado, y este consiste en que lo que supuestamente se entiende válido para una parte, es extensible para el todo, conjunto de esas partes. Por ejemplo, si una parte del motor de un automóvil no funciona de manera correcta, ergo, todo el motor no funciona. O, por solo dar un ejemplo famoso, el filósofo inglés, Bertrand Russell, explicaba que no porque todo en el Universo tenga una causa, entonces el Universo también tiene una, aludiendo a la idea de que fuera necesario un Dios que creara el Universo. Por supuesto, pensar de ese modo es un error lógico. No porque una parte de algo no haga lo que se pretende o tenga determinada característica, entonces todo ha de ser sindicado de la misma manera o el todo posee dicha característica como rasgo del conjunto. Aristóteles lo explicaba muy bien en sus Refutaciones sofísticas, parte del Órganon, un conjunto de obras de lógica que ilustran sobre el uso correcto del pensamiento.   

Por lo mismo, hemos de entender que el régimen militar puede ser analizado desde varias aristas. Por un lado, existen modificaciones políticas, a partir de una Constitución ratificada en 1980 por medio de un plebiscito, reformada en 1989, que entró en vigencia en 1990, vuelta a modificar en 2005 y que nos otorgó una estabilidad política jamás antes vista, salvo en el siglo XIX con la Constitución de 1833, la de Egaña. Por otro lado, el despegue económico es irrebatible. De un Chile siempre pobre, pasamos a ser una economía de crecimiento estable, asociada a una responsabilidad fiscal que permitió sobrevivir a las constantes crisis económicas de vuelta de la democracia. El armazón económico general fue otorgado por el régimen, asociado a las posturas de los Chicago Boys y que si bien, por el ciclo económico, sufrió problemas durante la crisis del 82, es esa misma estructura económica la que sobrevive a la crisis, a los cambios políticos, y que logra reducir el desempleo a cifras históricas, el que consigue aumentar el crecimiento económico durante los 90 y el que saca, prácticamente, al país de la pobreza. Todavía existirían más aspectos: la seguridad en general que se vivía en los barrios; el aumento de la participación civil en actividad públicas; varios otros elementos que complejizan el asunto. Es decir, simplemente circunscribir el juicio al régimen basándose en las violaciones a DDHH es simplemente un mal razonamiento[1], y lo es en tanto enjuicia a la totalidad del régimen bajo una sola de sus características, extendiendo al conjunto lo que se enjuicia solo de una de sus partes o componentes.  

Finalmente, podemos concluir que mucho de la crítica elaborada contra el régimen militar y el pronunciamiento ocurrido durante el 11 de septiembre de 1973 tiene que ver con un error lógico, un juicio fundamentado en la emocionalidad, en la incapacidad de analizar los argumentos y los hechos de manera objetiva. Y, por supuesto, la derecha tampoco ha reparado en el asunto, puesto que carece, como bien denunciara el connotado abogado Axel Kaiser, de una anorexia cultural severa. El camino que debemos tomar para el renacer de la derecha en este país debe ir de la mano del uso correcto del pensamiento, de la lógica, de las enseñanzas de la filosofía clásica, medieval y renacentista, del rescate del sentido común y de la cordura. Sin ese horizonte alimentando nuestros anhelos, no arribaremos a puerto alguno.   


[1] En todo caso, aún faltan elementos que dirimir sobre ese asunto. La Comisión Rettig atestigua que hubo 2130 casos de violaciones a DDHH. La izquierda dice que hubo más, pero, ¿cómo atestiguarlo? Además, no existen datos de cuántas de esas víctimas murieron en enfrentamientos armados con la policía y los uniformados. La internación de armas durante los tiempos de la UP fue real, muchos fueron preparados para enfrentarse a los militares y para subvertir el orden constitucional que prevalecía desde 1925 por la vía armada.

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Filósofo y Profesor. Máster en Política y Gobierno. Autor del libro “Girar a la derecha. Lineamientos para una reacción del sector” (2021). Miembro de Revista Individuo.

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